La «economía azul»
parte de una premisa sencilla: servirse del
conocimiento acumulado durante millones de años por
la naturaleza para alcanzar cada vez mayores
niveles de eficacia, respetando el medio y creando
riqueza, y traducir esa lógica del ecosistema al
mundo empresarial. GUNTER PAULI sugiere estimulantes
posibilidades: desde aplicar el diseño bicolor de la
piel de las cebras o la estructura de los termiteros
a la arquitectura bioclimática, a teléfonos móviles
que se recargan sin batería gracias a la diferencia
de temperatura entre el aparato y el cuerpo humano,
pasando por la reutilización de los desechos mineros
o agrícolas.
Nosotros hemos buscado
el modelo que explique por qué la necesidad
de observar la naturaleza con ojos nuevos. Y
esta explicación sugiere que la “economía azul”,
siendo precisa y correcta, debe ser aplicable a
campos mucho más vastos que el simple comercio.
Nuestro modelo descubre la necesidad de una
nueva forma de pensar, con el fin de no limitarse a
impulsar una economía sostenible, ya que según
nuestro modelo, esto no es factible a largo plazo si
no logramos promover la idea de una “vida
sostenible” en todos sus aspectos: políticos,
sociales, familiares y finalmente industriales.